sábado, 6 de octubre de 2012


¿EDUCANDO EN PLENA GUERRA?

El narcoterrorismo en la zona del VRAEM, representa para el gobierno la piedra en el zapato, por no existir la estrategia correcta para vencer a los terroristas bajo el mando de  los Quispe Palomino, pues es conocida todas las víctimas producidas en las fuerzas del orden, que con más corazón y empeño que  armas, son asignados a esta zona de emergencia.

En la quincena de agosto, estas huestes del terror volvieron a provocar bajas asesinado a cinco efectivos militares, la respuesta por parte del estado fue una vez más el bombardeo en la zona de Nueva Esperanza, cerca del Valle del Río Mazangaro en San Martín de Pangoa (Junín), la mayoría de sus habitantes provienen d Huancavelica, Ayacucho, Cusco y Junín, estas acciones de reacción son efectuadas desde los helicópteros MI 171sh, conocidos en el lugar como “lagartos”.
¿LOS NUEVOS SENDERISTAS?

El vicepresidente del Comité de Autodefensa, Gabino Toscano, indica que el lugar de la base pone en riesgo a la población, por lo que sugiere reubicarla fuera del pueblo, pues al paso de los “lagartos”, todos se esconden porque saben que se lanzaran cohetes y municiones de 30 mm, temiendo morir por eso o por una bala narcoterrorista.

Los especialistas en el tema indican que se ha estigmatizado a los agricultores del Vraem, al ser cultivadores de coca, como sinónimo de aliados a loa narcoterroristas, pero el Teniente Gobernador expresó que los campesinos estarían dispuesto a cambiar el cultivo por cacao, café, plátanos, etc.; sin embargo ¿Qué harían con su mercadería?, pues no hay pistas o forma de comercializarla, agregando que ellos votaron por Ollanta Humala, es por esas actitudes erradas que los militares no cuentan con el apoyo de la población.

Un agricultor dijo tajantemente:” nosotros no tenemos la nada que ver en esta guerra, no somos  narcotraficantes, ni terroristas, solo cultivamos la hoja de coca que de otra cosa no podemos vivir. Es conocida que una  hectárea de coca produce 150 arrobas, de las cuales un gran porcentaje se va al narcotráfico y el resto la compra la Empresa Nacional de la Coca, pues mientras  la oficina estatal paga 30 soles, una persona enviada de los narcos paga 90 soles.

Otro punto importante es la información que pueda proporcionar la población de los movimientos de la gente de Quispe Palomino, pues son obligados a ayudar a los subversivos, pero el riesgo que corre por esta  acción puede costarle la vida, debiendo las fuerzas apostadas en el Vraem darle las garantías necesarias pero  al no cumplir  reina la desconfianza.
INVERTIR EN ESCUELAS PARA GANARLE AL TERROR
 
Algo que se dijo cuando se conoció el problema  en este sector del Perú, era la apertura de oficina especiales de diversos ministerios como salud, agricultura y educación para recuperar la zona , pero solo fueron eso palabras, por que la realidad revela que Nueva Esperanza no tiene un colegio, gracias a los pobladores tienen un profesor que  en una aula adaptada en el local comunal enseña a los 35 niños  de los cinco grados, pero a raíz del recrudecimiento  de la violencia, el maestro ya no asiste al lugar.

La queja del teniente gobernador (representa al gobierno) es que hay dinero para balas, pero no para hacer una escuela, lo que representa es inclusión social que pregona el Presidente Humala, sin hallar a 15 meses de gestión una línea directriz , que pueda combatir a los remanentes senderistas que hace diez o quince años eran jóvenes o adolescentes  y hoy son mandos, que conocen la zona, dominándola y por otro lado un gran número de soldados voluntarios que andan a ciegas en medio de la selva central. Si deseamos ganarle la guerra al narcoterrorismo reforcemos pilares como sociedad, salud, educación y apoyo incondicional a los agricultores para que salgan adelante cambiando los cultivos de coca por otros.

 

 

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